Este blog es algo así como un gemelo de musicalculebrones.blogspot.com, el que ofrece materiales sobre historia de la música. Mi intención es alternar ambos.

martes, 21 de agosto de 2012

ANÁLISIS DE LA INVENCIÓN No. 2

A DOS VOCES, DE J. S. BACH


 


(En la entrega anterior, la del análisis de la Invención No. 1, hay alguna información general sobre las invenciones que, por supuesto, es también válida para ésta.)
  
La invención No. 2 es un canon, procedimiento contrapuntístico muy común, aunque menos prestigioso que la fuga. Consiste en la repetición (imitación) exacta de toda la primera melodía. Puede ser a dos o más voces. Inicialmente, los cánones eran sólo al unísono o a la octava (como éste), después también los hubo a la 5ª justa y, más adelante, a cualquier intervalo.

La fuga es musicalmente  más elaborada, pero el canon, en ocasiones, alcanza  niveles asombrosos de virtuosismo constructivo.[1]

La palabra canon, que significa regla, precepto, empezó a utilizarse, con el significado musical que tiene actualmente, en el siglo XVI,  cuando ya hacía casi trescientos años que existía. En ese lapso inicial (y aun después) recibió varios nombres: entre otros, rondellus (hoy, a pequeños cánones, muchas veces vinculados a canciones y juegos infantiles, se les denomina rondas) y, según el país, lo que daba lugar a versiones particulares, caccia,  chase o caza, sinónimos los tres. También, muy frecuentemente, se le llamó fuga[2], a cuya historia está inextricablemente ligado.

A la primera voz la llaman dux, término latino que significa el que conduce (de donde proviene, por ejemplo, la palabra duque); la(s) que viene(n) después recibe(n) el nombre de comes, que quiere decir el que sigue (término del que se deriva comitiva).

La invención No. 2 es muy distinta a la No. 1. En esta última, todo el material temático se encuentra en el primer compás. En cambio, la que hoy nos ocupa necesita diez para decirnos melódicamente lo que quiere: presenta el material y su imitación en el área de tónica (do menor y Mib mayor) y después nos ofrece la misma melodía, también en imitación y con intercambio de voces, en el  área de dominante (sol menor y Sib mayor); para finalizar, vuelve a la tónica principal y al material del principio, con lo cual, en cinco compases, siempre imitando, cierra la invención. En total, tiene 27 compases y los elementos no canónicos son muy escasos.

La primera invención está construida con pequeños “ladrillos” de no más de ½ compás de extensión, mientras que Bach edifica la No. 2 con una larga “cinta” melódica. Este procedimiento se corresponde con el concepto formal del barroco tardío que consiste en la expansión continua (y libre) de elementos expuestos en el comienzo de la obra. (La fuga utiliza otros recursos: de ahí una de las diferencias entre la invención No. 1 –similar a una fuga- y la No. 2.)

Ejemplo 1

En estos dos primeros compases encontramos cuatro elementos melódicos que están presentes a lo largo de toda la pieza, en muchos casos combinados o variados más o menos libremente. Elemento A: bordadura inferior y superior; elemento B: escala ascendente y descendente; elemento C: intervalo grande; elemento D: “quietud” melódica. Incluyo algún ejemplo:

Ejemplo 2 


En ABCD se encuentran todos los elementos, tratados con bastante libertad; en la otra casilla, los elementos A[3] y C. Y así sigue.

En el análisis de la invención No. 1 decía que el barroco tardío busca la continuidad, rechaza las interrupciones. Sin embargo, aunque hay aquí un constante movimiento de semicorcheas, existe una también permanente alternación entre éstas y valores rítmicos más largos en una de las voces. Se escucha, entonces, un ritmo más variado sobre un fondo uniforme.

Este resistirse a las detenciones se nota asimismo en las cadencias: la primera auténtica, con los acordes de dominante y tónica claramente en posición fundamental, la encontramos casi al final, en los compases 22-23. Otras anteriores son débiles, muy débiles y/o ambiguas[4]. Veamos casos de ambigüedad:

Ejemplo 3



Los dos primeros compases están en do menor, aunque, al alternar  si natural y sib, se crea cierta tensión[5]. Después, la ambigüedad se hace mayor. ¿En qué tonalidad estamos en el final del compás 2 y en el comienzo del 3? El contexto nos indica que en do menor, pero el final melódico re-mib nos invita a pensar en la relativa mayor de esa tonalidad. E, inmediatamente, el asunto se agrava.  Entre los compases 3 y comienzos del 5, tenemos cinco veces en el dux la nota mib, que es la tónica de la tonalidad a la que va (y, además, con el sugerente movimiento melódico sol, fa, mib, re, mib). El comes nos indica que seguimos en do menor, pero al final del cuarto compás y en la primera nota del quinto, éste parece haberse rendido: hay una cadencia Sib – Mib, dominante – tónica de la nueva tonalidad. Pero entonces el do, que no se resigna a morir, hace un último intento -fallido- de mantenerse con vida: el primer pulso de la voz inferior del compás 5 convierte el acorde de Mib mayor en uno de do menor.

Esta dramática lucha entre las dos tonalidades nos muestra claramente el papel beneficioso que desempeña la ambigüedad en la expresividad de la música.

En número de compases, la pieza puede dividirse en 12 + 10 + 5.

La primera sección incluye los diez compases en los que la voz superior funciona como dux y los dos siguientes, en los que el dux pasa a la mano izquierda y la derecha tiene un material no canónico. También se abandona en este momento el área de tónica (do menor y Mib mayor) para ir a la de dominante (sol menor y Sib mayor). ¿Y por qué, entonces, los compases 11 y 12 están en esta sección si ya se está variando la tonalidad y se ha cambiado la voz conductora? Porque el comienzo del dux en la voz inferior aparece camuflado,  al tener modificadas sus dos primeras notas y, sobre todo, porque no hay, armónicamente, ninguna indicación clara de que se esté produciendo un cambio, lo que sí ocurre con la cadencia, relativamente fuerte, de los compases 12-13, que es, además, el comienzo del comes en la voz de arriba.

Los diez compases siguientes que, como se dijo, se encuentran en el área de dominante, constituyen la segunda sección, la cual finaliza con la primera cadencia auténticamente fuerte y el regreso a do menor, la tónica principal (comp. 22-23).

Los últimos cinco compases constituyen una coda, en la tonalidad principal y con una presencia muy fuerte de su tónica (se producen tres cadencias auténticas en ese breve lapso), que compensa la energía generada por el mucho más extenso pasaje anterior por otras tonalidades. Además,  el empleo del material de los primeros compases, así como el retorno del dux  a la voz superior, crean un germen de recapitulación.


El número 2, presente desde el inicio en la cantidad de compases que Bach presenta en solitario, es un elemento estructural en la invención. Lo es pese a que, en el lenguaje contrapuntístico,  la continuidad prevalece sobre la seccionalidad.

 Los 12 compases de la primera sección pueden dividirse en 2 + 2 + 2 + 2 + 4. Por el comienzo del dux en la voz inferior se podría pensar en una división de los últimos 4 compases también en 2 + 2, pero la ausencia de una definición armónica en ese punto
hace que predomine el otro criterio (como ya se señaló).

La segunda sección tiene una estructura similar. Sus 10 compases se dividen en
2 + 2 + 2 + 4. Existe entonces una simetría en ambas secciones (las dos finalizan con fragmentos de 4 compases, luego de haber estado seccionados siempre cada 2).

En la coda también es más larga la porción final (2 + 3), aunque el último compás es sólo el acorde final.

En la invención existe otro elemento estructural, melódico éste, de gran importancia.

Ejemplo 4


Las primeras 4 notas más destacadas del inicio (compases 1 y 2) son do (por ser la primera nota, métricamente ubicada en un lugar sólido y tónica principal de la pieza), mib, fa y lab (las tres, “crestas” melódicas)[6].

En los compases 3 y 4, el comes reproduce exactamente lo ocurrido en los dos anteriores.

Ejemplo 5


En los dos últimos pulsos del compás 5 aparecen las mismas 4 notas, pero cambiado el orden del fa y el lab. En el compás 6 encontramos el mismo diseño, dos veces más, transportado[7].

El  comes imita, en c. 7 y 8, lo que ha hecho el dux en c. 5 y 6. Pero, además, se produce una novedad. En primer lugar, hay que tener en cuenta que ha habido una modulación. Ya no se trata de las notas, sino de los intervalos (3ª, 2ª, 3ª). En el c. 7, con mucho esfuerzo (que se manifiesta tanto en el impulso que toma la melodía con la bordadura en semicorcheas para brincar al sol y después al lab, como en la duración excepcionalmente larga de estas dos notas), llega a los dos primeros intervalos del patrón (3ª y 2ª). La melodía parece cansada, incapaz de alcanzar la meta, pero en el c. 8,  recuperada (y ya conociendo el camino), vuelve a impulsarse en el sib y hace el patrón completo (3ª, 2ª, 3ª).

Como corresponde, el comes repite, en c. 9 y 10, lo que se ha escuchado en los dos anteriores del dux.

En lo que sigue, empieza nuevamente a cambiar de tonalidad, vamos ahora a sol menor y, además, el dux pasa a la mano izquierda. En el c. 11, al patrón melódico le falta la primera nota, porque han sido modificadas las dos primeras del tema. Esto se “soluciona” ya en el c. 13, en el que el comes, en la voz superior, retoma el tema original. Y así continúa, repitiendo todo lo que se hizo en la primera sección, sólo que,  ahora, en el área de la dominante.

Ejemplo 6


Llegamos así a los c. 21 y 22, los dos últimos de la 2ª sección y ambos no canónicos. En ellos, mostrando la importancia que le asigna, Bach usa en los dos compases, una vez en cada voz, el patrón melódico que nos ocupa.

Arribamos a la coda que, al reproducir casi íntegramente los compases iniciales del tema y su imitación, mantiene la presencia del patrón melódico en sus primeros cuatro compases (tiene cinco). Y como si fuera poco, en la voz de arriba del penúltimo compás introduce dos de los tres intervalos. 

Ejemplo 7


Bach no incluye indicaciones de carácter en sus partituras. Pero sí lo hacen las ediciones revisadas. La francesa Durand, por ejemplo, considera que el término que le cuadra es giocoso, es decir, juguetón. A mi juicio, nada más alejado de la realidad. Esta invención no es un juego, sino algo muy serio. Veamos (y escuchemos, que en la música es lo más importante) algunos elementos en los que sustento mi afirmación.

Ejemplo 8 


Durante los dos primeros compases, el ámbito de los fragmentos melódicos por escala, sus notas extremas, son intervalos disonantes que crean indudable tensión (4ª dism., 5ª  dism., 7ª dism.). Está, además, en el primer compás, el cromatismo si – sib, al que ya me referí.

Ejemplo 9


En c. 3 y 4, además de la imitación por parte del comes de lo que presentó el dux en c. 1 y 2, encontramos dos disonancias muy reveladoras, que se muestran en el ej. 9: la 7ª mayor del tercer pulso del c. 3 y la 5ª. dism. del primer pulso del c. 4. Contribuye también a la “seriedad” del ambiente, la forma morosa en que estas disonancias se resuelven en la voz superior. A pesar de estar atenuadas por su brevedad y por el mordente de la mano derecha, colaboran eficazmente en distanciarnos de lo juguetón.

También coadyuva, en el mismo sentido, el trabajoso ascenso melódico del c. 7 (imitado en el 9), que ya mencioné.

Se podrían mencionar otros elementos (no descartaría la contribución del modo menor), pero me parece suficiente con éstos, habida cuenta de que prácticamente todo el material de la invención se expone en los primeros diez compases.

Para finalizar, un elogio a Bach (aunque en realidad no lo necesita; se las arregla solo bastante bien). En mi opinión, esta invención es una síntesis maravillosa de técnica y expresividad. Además de la rigurosidad constructiva, está cargada de intensa emoción.


[1] Véase, como ejemplo, el canon de Bach per augmentationen in contrario motu, incluido en el material “La música, entre ojos y oídos, 2ª. parte”, del mes de mayo del 2012, en musicalculebrones.blogspot.com.

[2] Caza y fuga nos muestran el mismo escenario, pero desde sujetos opuestos. El  primer caso es el punto de vista de la voz principal, que pretende atrapar a quien (o quienes) la imitan. El segundo, en cambio, tiene como protagonista(s) a la(s) “presa(s)”, que busca(n) escaparse del “cazador”.
[3] Fa, sib, fa funciona como una bordadura “a distancia”.

[4] La ambigüedad y la transparencia tienen distintos significados según se trate de la moral de las personas o de música. Es una virtud tener una conducta transparente; la ambigua, en cambio, un defecto. Pero musicalmente, no: en general, la transparencia produce aburrimiento, mientras que la ambigüedad tiende a ser sinónimo de riqueza.

[5] Ambas notas forman parte del inestable modo menor, pero, por otro lado, si natural es la sensible de do menor, mientras que sib forma parte muy importante de todas las otras tonalidades a las que va en el transcurso de la pieza (es la dominante de Mib mayor, la 3ª de sol menor y la tónica de Sib mayor): este cromatismo inicial es, de alguna manera,  un anuncio de lo que tonalmente va a ocurrir.
 
[6] No siempre es una “cresta” la nota más aguda de un fragmento melódico. En el tercer pulso del primer compás, por ejemplo, el sib depende melódicamente del lab  y armónicamente del implícito acorde de fa menor. En realidad, las tres notas indicadas se sienten como “crestas” sobre todo porque tienen a la par, antes o después, un  salto melódico importante.

[7] En estos compases está la única secuencia de la invención. Dada la estrictez del procedimiento canónico, resulta mucho más difícil introducir secuencias en un canon.

lunes, 23 de julio de 2012

ANÁLISIS DE LA INVENCIÓN No 1

A DOS VOCES DE J. S. BACH





Las invenciones de Bach son pequeñas piezas para teclado con una muy estricta elaboración contrapuntística. El nombre invención podría haberlo tomado de Francesco Bonporti, un compositor y sacerdote italiano contemporáneo, del que transcribió para clave obras para violín[1] y que habría sido el primero en emplear ese término.


Bach escribió dos series de quince invenciones para teclado[2], una a dos voces y la otra a tres. Originalmente, las compuestas a tres se llamaban sinfonías[3]. Como muchas otras de sus piezas para estos instrumentos, el propósito era pedagógico, como demuestra el texto de su prefacio:

“Método práctico gracias al cual los aficionados al clavecín y principalmente aquellos que lo deben enseñar, podrán adquirir el arte de tocar con delicadeza y precisión, no sólo a dos, sino a tres partes obligadas. Se deberá poner la mayor atención para comprender la marcha de las diferentes partes sin agregar ninguna nota y haciéndolas cantar alternativamente con gusto.”

En algunas obras, tanto de Bach como de otros compositores barrocos, existe un orden determinado. Es lo que ocurre en las invenciones, que están en todas las tonalidades mayores y menores que no tienen más de cuatro alteraciones, en disposición  ascendente por escala, comenzando en Do mayor.

Ejemplo 1:


La invención No. 1 tiene mucha similitud con una fuga, pero no lo es. Se trata, entre otras cosas, de una pieza más breve (sólo 22 compases), con muchas menos pretensiones. En el primer compás de la mano derecha muestra todo el material con el que construirá la pieza[4]: un tema, que en la fuga llaman sujeto y en la invención, motivo (recuadros 1 en el ejemplo 1), que se puede dividir en cabeza (1a en el ej.) y cola (1b en el ej.). Encontramos también un contramotivo (2 en el ej.) -llamado contrasujeto en la fuga-,  contrapunto que se escucha junto con la segunda presentación del motivo.[5]  A continuación siguen otras dos presentaciones. Al igual que en la fuga, éstas se encuentran en la tónica o en la dominante de la tonalidad principal. Lo que hay en el resto de la invención  es una elaboración del material por medio de algunos procedimientos contrapuntísticos típicos: transposición (en algunos casos con modulación), inversión, aumentación, retrogradación (apenas), reversibilidad.

El hecho de que todo el material temático se encuentre en el primer compás exige que haya otros elementos que impidan la monotonía.

Uno de ellos es el diseño melódico, que se halla, como señala Bach en el prefacio, alternativamente en una y otra voz.

Ejemplo 2:

Existe una clara distinción entre el motivo y el contramotivo (aunque los límites no son exactos). El contenido del recuadro A, en el ejemplo 2, está construido en semicorcheas y con intervalos pequeños (2as y 3as), mientras que en los recuadros B tienen preponderancia las corcheas e intervalos más grandes, con otro carácter (4as, 5as y 8a). Esta última tendrá, además, una función particular en las tres cadencias de la pieza.

El recuadro A presenta un movimiento suave y rápido; los B, en cambio, un desplazamiento más “anguloso” y de velocidad más moderada, como si necesitara saborear la “conquista” del 5o  grado, de la dominante, a la que acaba de llegar.

En toda la invención alternan estos dos elementos, manteniendo vivo el interés. Al B lo encontramos cuando se acerca a las cadencias y en ellas mismas (compases 5 y 6; 13, 14 y comienzo del 15, y 20 a 22), mezclado con el A, que es el dueño del resto.  En los compases 7 y 8 insiste en el planteo inicial: son la casi exacta transposición (reversible)  de los compases 1 y 2.

La parte central (c. 7 a 14) incluye  pasajes “densos” (semicorcheas en ambas manos) y es melódicamente, en sus últimos compases, de las más inestables.

La final (c. 15 a 22) -en contraste- comienza con la escritura más “limpia” de toda la invención (el motivo, en su posición normal o invertido, en imitación y acompañado únicamente por una nota larga). Termina con un regreso a la “densidad”, alcanza el punto melódicamente más alto (el do que se encuentra dos 8as arriba del central) e inmediatamente antes del último acorde, además de varios saltos seguidos, presenta el tritono más audible (e importante) de toda la pieza.

Ejemplos 3a y 3b:


La melodía de los compases 6 y 20 contiene el arpegio de tónica de las tonalidades en que se encuentra en esos momentos (Sol mayor y Do mayor, respectivamente), lo cual es un gesto que también corresponde al ambiente B.

La obra tiene un marcado carácter anacrúsico: todas las unidades melódicas comienzan en parte métricamente débil del pulso y terminan apoyándose en una fuerte. Las únicas excepciones claras las encontramos en los momentos cadenciales, con la importante contribución de la 8a descendente en la mano izquierda, presente en las tres cadencias y anunciada en el compás 2. (Todas estas 8as comienzan en un lugar métricamente fuerte y son seguidas por un silencio, lo que anula o al menos reduce su resolución.) La diferenciación de la escritura de las cadencias con la del resto de la obra es absolutamente normal: durante los momentos cadenciales siempre se debilita o incluso desaparece el material temático y adquiere preeminencia lo armónico.

Ejemplo 4:

En las dos 3as descendentes del motivo también se produce una competencia entre crusa y anacrusa. El fa con que éstas se inician (en la primera presentación) pertenece a la unidad melódica inicial (do, re, mi, fa), pero el peso auditivo de los dos intervalos de 3ª, el hecho de que el fa sea la nota más aguda y su ubicación métrica en relación con lo que sigue, hacen que pierda buena parte de su índole anacrúsica. Se escucha, al mismo tiempo, como la última nota del primer grupo de cuatro semicorcheas y como la primera del conjunto siguiente.

Otro elemento de variedad es la dimensión de los eslabones de las abundantes secuencias (la secuencia es un recurso barroco infaltable). En la presente invención, el tamaño de los segmentos es de uno, dos, cuatro u ocho pulsos, según los casos. Las secuencias, al constituir unidades  reconocibles, crean uno de los varios niveles rítmicos que tiene la pieza (toda música los tiene). Al variar así su extensión se obtiene un excelente antídoto contra la monotonía.

El barroco tardío tiene algunas “fobias”. La más destacada de ellas es su horror al vacío, junto con una predilección por la unidad rítmica. Si revisamos las invenciones a dos voces comprobaremos que la gran mayoría de ellas es, de principio a fin, un constante golpeteo de semicorcheas y que cuando hay un valor rítmico mayor, frecuentemente tiene un adorno, lo que disminuye su duración.

 Otra manifestación de esta misma fobia es el rechazo a las interrupciones. Por eso la mayoría de las cadencias -que son justamente una detención[6]- se encuentran debilitadas o disimuladas.  En esta pieza,  la tónica en que finalizan las dos primeras es extremadamente breve.

El plan tonal de la invención -o sea, las tonalidades que “visita”- es:

Do mayor – Sol mayor – (Do mayor) – (re menor) – la menor – Do mayor – (Fa mayor) – Do mayor

Las tonalidades entre paréntesis indican:

      -     En el caso de Do mayor, un regreso ambiguo y breve a la tonalidad principal,
            ambiguo porque bien puede estar, no en Do, sino ya en el la menor que
            va a establecer enseguida;

-          En el caso de re menor, una  breve tonización a la subdominante de la menor;

-          En el caso de Fa mayor,  la típica tonización de los finales a la subdominante de la tónica principal, por medio de la cual se posterga la resolución al transformar el acorde de  tónica -conclusivo por definición- en uno que necesita ser resuelto porque, al agregarle el sib, se lo transforma en un acorde de V7. Pero hay algo todavía más importante. El énfasis en la subdominante antes del final crea un equilibrio, un movimiento tonal simétrico: el primero de la obra fue a la dominante (5a superior); el último, a la subdominante (5a inferior).

En el período barroco, las modulaciones se efectúan a las tonalidades vecinas, es decir, a las que tienen la misma armadura de clave o sólo una alteración de diferencia en ella o, lo que es lo mismo, a las que están a una 5ª. justa (superior e inferior) de la tónica principal y a las relativas de las tres. La tónica principal y su relativa constituyen el área de tónica; la tonalidad ubicada a la 5ª. superior y su relativa, la de dominante, y la que se encuentra a la 5ª. inferior (o, lo que es igual, a la 4ª. superior) y su relativa, la de subdominante.

En esta invención están presentes las tres áreas, aunque la de subdominante tiene menor importancia: está representada únicamente por dos tonizaciones, en este caso dependientes del área de tónica, mientras que las de ésta (Do mayor y la menor) y la de dominante (Sol mayor) se establecen y con cadencias fuertes.

Cuantitativamente, la presencia del área de tónica es abrumadoramente mayor: más de la mitad de la pieza; un poco menos de la cuarta parte, la de dominante, y la de subdominante el resto.



                         Fa mayor ------  Do mayor ------ Sol mayor
                                |                          |                          |
                                |                          |                          | 
                                |                          |                          | 
                           re menor ------  la menor  -------  mi menor[7]

             Áreas:        SD                      T                        D


Formalmente, tenemos tres partes de 6, 8 y 8 compases[8], respectivamente, determinadas por las  cadencias.

La primera incluye una especie de exposición en la que se muestra el material temático. Aunque esta demostración se completa en el primer compás, Bach insiste, y en el segundo compás nos ofrece el material en la dominante, con lo cual inicia el verdadero movimiento armónico y afirma la tonalidad principal. Continúa con una secuencia que lleva a la tonalidad de la dominante, Sol mayor, en la que finaliza la parte inicial.

Ejemplo 5:

Como dije, el barroco tardío rechaza las interrupciones. La cadencia de los c. 6 y 7 presenta una tónica muy debilitada, representada sólo por la nota sol de la mano derecha; la izquierda hace la mencionada 8a descendente sobre la dominante, sin resolverla en esa mano.

La sección central está, mayoritariamente, en modo menor, mientras que las otras dos se encuentran en modo mayor. Comienza en el Sol mayor con que finalizó la primera, pero después se encamina firmemente hacia la menor, de la que toniza el 4º grado (re menor). Esta diferenciación en el uso de los modos contribuye sustancialmente, tanto a la solidez formal como al mantenimiento del interés, habida cuenta –como se dijo- de la inexistente variedad temática.

La parte final se encuentra de regreso en Do mayor. Hace una importante tonización a su 4º grado (Fa mayor), cuya función se explicó más arriba.

Además, esta parte está armónicamente construida con encadenamientos por 5as (los más fuertes), lo que afirma la tonalidad principal , asumiendo, además, un carácter cadencial, que resulta adecuado para la terminación de la pieza.

Quiero terminar detallando los procedimientos contrapuntísticos que Bach emplea a lo largo de la invención.

(Insisto en que en todos los casos, motivo y contramotivo terminan una nota después de lo que yo indico.)


compás 1  m. der.: motivo y contramotivo (todo el material de la invención)
                 m. izq.: motivo

c. 2           m. d.: motivo y contramotivo
                 m. i.: motivo
                 (c. 2 es la transposición a la 5ª. de c. 1)

c. 3 y 4     m. d.: motivo invertido y repetido en secuencia
                 m. i.: cabeza del motivo en aumentación, repetida en secuencia; en el c. 4,
                          extensión (dos veces, “comprimido”) del motivo de la cabeza en
                          aumentación

c. 5           m. d.: notas del contramotivo, y motivo invertido
                 m. i.:  motivo, y cabeza del motivo en aumentación

c. 6           m. d.: extensión invertida de la cola del motivo y material cadencial no
                           temático (pulsos 3 y 4)
                 m. i.:  extensión en aumentación de cabeza del motivo y material cadencial
                           no temático (pulsos 3 y 4)

c.7            m. d.: motivo
                 m. i.: motivo y contramotivo
                 (c. 7 y ½ 8 son la versión reversible de c. 1 y ½ 2)

c.8            m. d.: motivo
                 m. i.: motivo y contramotivo

c. 9           m. d.: motivo invertido         
                 m. i.: motivo y contramotivo invertidos

c. 10         m. d.: motivo invertido
                 m. i.: motivo y contramotivo invertidos   
                 (c.9 y 10 forman una secuencia)

c.11 y 12  m. d.: cabeza del motivo en aumentación, repetida en secuencia,
                           y extensión de la cola del motivo.
                 m. i.:  motivo repetido en secuencia
                (c. 11, 12 y ½ 13 son la versión reversible de c. 3, 4 y ½ 5)
                (m. i. sigue hasta ½  c. 14 la transposición de m. d., que llega, entonces, hasta
                ½ c. 6 de ésta)

c. 13         m. d.: motivo y contramotivo (pulsos 1 y 2) e inversión de la cola del motivo
                 m. i.:  notas del contramotivo y motivo invertido (en m. i., todo el c. 13 es la
                          transposición del c. 5 en la otra mano) 

c. 14        m. d.: cola del motivo invertida (pulso 1); cola del motivo (pulso 2); 
                          extensión de cabeza del motivo, invertida y en disminución (pulsos 3 y
                          4)
                m. i.:  extensión de cola del motivo invertida , transposición de ½ c. 6 en la
                          otra mano y material cadencial no temático (pulsos 3 y 4)

c. 15         m. d.: motivo invertido
                 m. i.: motivo invertido

c. 16         m. d.: motivo
                 m. i.:  motivo

c. 17         m. d.: motivo invertido
                 m. i.:  motivo invertido

c. 18         m.d.: motivo
                 m.i.:  motivo
                (Los compases 17 y 18 son el segundo eslabón de una secuencia que     
                 comienza en el 15)

c.19 y 20  m. d.: motivo repetido en secuencia y material no temático (pulsos 3 y 4 de
                          c. 20)
                 m. i.: cabeza del motivo invertida, en aumentación y repetida en secuencia,
                          y motivo (pulsos 3 y 4 de c. 20)

c. 21        m. d..: motivo invertido (pulsos 1 y 2) y material cadencial no temático  
                          (pulsos 3 y 4)
                m. i.:  cabeza del motivo en aumentación y cabeza del motivo

c. 22        m. d.: acorde final
                m. i.:  acorde final


    


[1] Bach aprendió sobre todo copiando y transcribiendo para otros instrumentos obras de decenas de compositores de varias nacionalidades, lo cual era un método habitual de estudio en la época.

[2] Fueron compuestas para clavicordio y no para clavecín. El clavicordio es el único antecesor del piano que permite variar -como éste- la intensidad del sonido, pero tiene el inconveniente de que su sonoridad es extremadamente débil.

[3] Al igual que muchos otros términos musicales (sonata, concierto, madrigal, etc.), el significado de sinfonía se ha ido modificando a lo largo de la historia. ¿En qué se parecen estas pequeñas piezas para teclado a, por ejemplo,  la 9ª. de Beethoven? 

[4]  Le mostré el análisis a un gran amigo, quien me señaló algunas omisiones en que había incurrido. Además, discrepó con la determinación que hago de motivo y contramotivo. Conservo mi versión, pero incluyo aquí también  la suya (las indicaciones valen igual que las del ejemplo 1): 






[5] En todos los casos, los materiales temáticos terminan, en esta invención, una nota después de lo que yo indico con palabras; lo hacen en parte fuerte del pulso., tal como se muestra en el ejemplo 1.
 
[6] De ahí su nombre. La palabra cadencia proviene del latín cadere, que significa caer.
 
[7] Mi menor es la única tonalidad vecina de Do mayor a la que ni siquiera se acerca en esta invención.

[8] En el período barroco todavía no se ha impuesto la “dictadura” del 4 y del 8 en el número de compases de las frases.